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Cuento de invierno

– Muchas gracias señor -dijo el muchacho con la mejor de sus sonrisas.

El maestro estaría orgulloso, había vendido 4 pares de zapatos a aquel comerciante que estaba de paso y al que le habían gustado sus zapatos hechos a mano, eso les salvaba ese mes. Y además había dejados encargados 20 pares más que enviaría a buscar pasados unos días, para venderlos en su tienda de Compostela, donde los zapatos artesanos eran bien valorados. Especialmente los zuecos, que muchos peregrinos compraban porque fieles a la ceremonia de purificación dejaban sus ropas y su calzado antes de entrar en la catedral, que serían quemados, y compraban nueva ropa y nuevo calzado al salir, reconvertidos en hombres y mujeres nuevos.

El aprendiz del zapatero, ahora elevado a la categoría de maestro temporalmente por la enfermedad de su señor, no necesitaba instrucciones, con ese dinero fue a ver al médico que atendía a su maestro y le pagó las deudas. Después fue a ver al molinero y pagó la harina que le debían. Y fue a encargar un banco nuevo al carpintero, porque el que tenían ya se caía a pedazos y trabajar sobre él se hacía farragoso. También en el mercado tenían deudas, que fue a saldar. El resto del dinero lo guardó a buen recaudo, porque quizás lo necesitasen más adelante.

El molinero agradeció recibir el pago de aquella deuda, con parte del cual pagaría al herrero una nueva hélice para el infiernillo, que la que tenía estaba muy oxidada y de hecho ya tenía una de las aspas doblada. Y demás pudo ir a comprar grano a varias granjas que hacía poco que habían recogido la cosecha, grano con el que haría nueva harina para vender durante el invierno.

El herrero y el carpintero fueron también al mercado, y pagaron lo que debían de la comida que les habían fiado y volvieron a sus casas con un lujo: un poco de carne de cerdo que haría las delicias de su familia, la carne era algo que no se podían permitir todas las semanas.

El hombre del mercado que les vendió la carne y con el que saldaron deudas pasadas, se puso muy contento, ese dinero le venía de perlas porque podría ir a la costurera, y encargarle por fin el vestido de boda de su hija, que no se casaría ya con ropa ordinaria. Y no solo eso, iría a encargarle unos zapatos nuevos, de esos muy bonitos que hacía el zapatero, que aunque sabía que estaba enfermo tenía un aprendiz muy espabilado que los hacía de maravilla, unos zuecos con agujeros en la punta que serían la admiración de todas sus sobrinas.

Sin saberlo, aquel comerciante que compró unos zapatos que le habían gustado al pasar por A Estrada, y había encargado otros para vender en su tienda, revitalizó la vida de toda una parroquia, y llevó la alegría a una docena de familias. El dinero que él dejó en un comercio, se distribuyó rápidamente entre todos, porque unos dependían de otros, y no hubo familia que, de un modo u otro, no terminase recibiendo una parte.

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El curtido del cuero con Cromo, un serio problema ambiental

Los que me seguís en el Facebook, sabéis que insisto muchísimo en cada publicación en que utilizo un cuero no curtido con cromo, sino con productos vegetales.

El cromo es un elemento químico bastante presente en la corteza terrestre, sin embargo cuando está en su forma natural lo está en forma de sales con lo que no tiene muchos problemas. Los problemas vienen de que es un gran aliado de la industria por muchas razones, por ejemplo, da mayor resistencia y durabilidad al acero y por eso se utiliza, por ejemplo para hacer aceros inoxidables, como por ejemplo para hacer bicicletas de acero baratas pero duraderas (suelen aparecer como “cromoly”). El otro uso principal es como adorno metálico, los famosos “cromados”. La industria del cuero es una parte menor de su uso, en torno al 8% según lo que he podido encontrar.

Mezclados con metales, si son convenientemente reciclados, tampoco son tanto problema.

Sin embargo, en la industria del curtido se utilizan sales, y esas sales se usan en un medio acuoso que luego se vierte a ríos y mares. El cromo en esas situaciones puede aparecer en dos formas, el cromo hexavalente es muy tóxico, y el cromo trivalente es tóxico pero menos. Si las industrias están bien hechas y con las máximas garantías se usa solo trivalente, pero aparte de que sigue siendo tóxico, si los residuos terminan en un suelo básico (no-ácido) se convierten en el hexavalente.

Si el trivalente es malo, el hexavalente aparte de ser mucho peor puede contaminarnos por muchas vías: ingestión, respiración e incluso tacto.

Para que os hagáis una idea del problema que representa el uso industrial del cromo: de forma natural se vierten a la atmósfera unas 50.000 toneladas al año de cromo, mientras que por emisiones industriales la cantidad es el doble de esa. Dicho de otro modo, 2/3 del cromo que se emite a la atmósfera se vierte por parte del hombre.

Por todo esto, en 1994 la UE aprobó normativas para que el cromo fuese considerado un residuo peligroso y tratado como tal.

Ahora bien, como podéis suponer, la mayoría del cuero industrial no se trata en la Unión Europea sino en países del tercer mundo. Siempre se piensa que la razón de la industria para llevar las fábricas al tercer mundo es que la mano de obra es mucho más barata, pero eso es una verdad a medias: numerosas industrias contaminantes se trasladan a esos países no porque sea más barata la mano de obra, sino porque en esos países la legislación ambiental es nula, laxa, o se la puede saltar uno con las mordidas adecuadas.

Y como podéis suponer también, al cromo que se vierte a la atmósfera le da un poco igual donde sea vertido, los vientos terminan homogeneizando la contaminación por todo el mundo.

A nivel de suelo, la cosa suele ser más local pero mucho peor. En Lorca por ejemplo tuvieron que cerrar curtidurías a principios de este siglo porque las concentraciones de Cromo eran enormes. En Argentina fue famoso este caso: http://www.sertox.com.ar/modules.php?name=News&file=article&sid=11229 una macro-curtiduría que almacenaba sus desechos en una balsa del tamaño de un campo de fútbol y que fue abandonada, quedando toda la contaminación allí. Y un caso mucho más grave aún fue el del distrito de Dindigul en la India, donde prosperó toda una industria del curtido y al poco tiempo los acuíferos no eran potables, desapareció prácticamente la pesca y la agricultura, y la población local tiene numerosas afectaciones a su salud. Como resulta obvio, además de contaminar muy seriamente el ambiente local, como la mayoría van a ríos eso termina en el mar, y las corrientes también terminan llevando esa contaminación a todas las costas.

Se están trabajando en soluciones mucho mejores, por ejemplo usando el famoso Grafeno: http://www.elmundo.es/economia/2014/12/18/5491dcbdca4741702d8b4577.html pero mientras no estén implantados, la forma más respetuosa con el medio ambiente es usar cueros con curtición vegetal: más caros, menos bonitos para algunos (los colores son menos brillantes), pero muchísimo menos contaminantes.

Esto último, por supuesto, es una cuestión de gustos, a mí los colores que utilizo me parecen mucho más bonitos, aunque no brillen como los cueros al cromo, y me resultan muchísimo más agradables al tacto, pero muchísimo más.

Personal

Presentación

Hola

Soy Dona Formiginha ( Doña Hormiguita en gallego) una de tantas anónimas hormiguitas que ha vivido casi siempre en uno de tantos hormigueros humanos de cemento y asfalto, llevando una vida marcada por el ritmo de un reloj y bajo las órdenes de algún jefe, realizando un trabajo que unas veces me gustaba y otras no, desde luego con el que nunca me sentí realizada.

Desde niña he adorado hacer cosas con mis propias manos, y toda mi vida las he estado haciendo aunque no fuesen las cosas que quería hacer, han sido años de preparación inconsciente para aquello en lo que quería convertirme: una artesana, alguien que toma trozos de madera y cuero y hace bolsos, propios, únicos, sencillos pero con algo diferente; otras veces zapatos, y algunas otras que se me pasan por la cabeza,  según me susurren las musas.

Han sido largos años de aprendizaje, es difícil explicar con palabras el cambio que he conseguido dar a mi vida, años de aprendizaje a todos los niveles… De despertar con el ruido del tráfico, a hacerlo con el canto de los pájaros; de salir de casa y pisar cemento y asfalto, a pisar tierra, hierba, piedrecitas; de sacar a mis gatos al parque, a verlos modorrear con el sol del atardecer subidos a un árbol; de oler humo y asfalto, a oler el campo y las flores frescas; de sentirme estresada y acelerada, a vivir equilibradamente y decidir mis propios ritmos.

Y esa misma catarsis que ha sufrido mi entorno ha sido mi catarsis personal, por fin estoy haciendo aquello que me gusta y me hace feliz, por fin puedo hacer algo en lo que  poner todo mi amor y mi alma.

Cada cosa que hago está hecha con todo el mimo del mundo, íntegramente a mano, usando un cuero curtido con procesos naturales y respetuosos con el medio ambiente, cada pieza de artesanía que fabrico tiene como objetivo trasladar a los demás el pedacito del corazón que he puesto en ella.